martes, 6 de octubre de 2015

Justo pensé escribir hoy sobre el tiempo que hacía que no te pensaba. La curiosidad me mató como gato y  acabo de venderte mi séptima vida. No reconoceré jamás el dolor que me supone odiarte así.

Será que estamos a principio de mes, o que las hojas empiezan a perder el verde. Que ya tengo otra ciudad, que no te escribo en los rincones, que no me suenas en las calles, que ya no entras en mis vaqueros. Será que ya no eres, pero no reconoceré jamás el dolor que me supone odiarte así.

Para que, además, ni me hagas escribir algo bueno.

jueves, 1 de octubre de 2015

Años en primavera

Así, sin avisar, nos ha vuelto a llegar septiembre. Había llegado a olvidar que era el momento de encontrarnos, que fueron nuestros primeros días, que sembraste las segundas oportunidades. Que el mes que acaba la estación violenta aún arranca verde a las primas hojas del estío. Me había olvidado de que era Septiembre. Se había barrido con las ramas que mecían los recientes vientos, el calendario se deshojaba como un gran árbol caduco y los días iban cayendo despacio. Noches breves de amaneceres lentos que van alargando cada nota en su existencia, por dejarme abrazar la generosa compañía de otro verano a la interperie.

Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma.

El exterior ya no es el mismo. Ya no queda astro o piélago y, ardiente por destrozarnos, Eolo viste su capa más gris y se funde con el estruendo de la urbe.
Tú eres ese septiembre. Ese que arranca el tono glauco a las flores, ese que usurpa el pigmento cetrino a la hierba, el mismo que hurta en mi verdegal y escapa ileso bajo la picaresca.
Entre tanto, neófito e inexperto, tiñes tus fauces más ciertas con el cromatismo de las delicias que quebrantas.
Pero aún me queda la esperanza que me confiere saber que todo verde para nutrirse necesita agua, y si hoy tus ojos lucen brillantes y su gama es viva que nunca, es porque te han provocado algún aguacero al saber que se aproxima Septiembre.

De trazos antiguos

Podría decirte muchas cosas, abrazarte toda la noche o besarte la frente como a un niño. Podría arroparte y susurrar entre tus suspiros que "todo va a estar bien". Leerte un cuento antes de dormir, dejar que repares en todas sus cortesanas. 
Porque después de todo, después nada, después de ellos y después de ti, después, estoy yo. Te creerás tan fuerte para escapar por la ventana... Saltarás pensado que, sin  saber planear, ya vuelas. Vivirás en el aire entre el polvo de tus Campanillas y te perderás, siendo rey, entre otros tantos niños sin rumbo.
Tú, por el cielo, mi niño. Mi pequeño y adorable niño. Cuando cierres los ojos, cuando no queden hadas, cuando los infantes crezcan y te aterren los padres, entonces.

Entonces podría decirte muchas cosas, abrazarte toda la noche o besarte en la frente. Pero me quedaré aquí, aún sobre tacones bailando.  Como una Wendy que se ha pensado adulta, con su vestido azul y el lazo entre el cabello. 

He dejado la ventana abierta por si volvías de tu "Nunca Jamás"
Y así se sucedían los días, bajo la lenta percepción de una cercana monotonía que no llegaba a imponerse. Horas de sueños sometidas a algún elixir o momentos de lucidez creados por otros tantos.
El cuerpo se asemejaba a una máquina perfecta que aún no supiere controlar. Cómo resistía  cada día, cómo llegaba a punto al siguiente, cómo cruzaba la meta en la línea de tiempo. Son cosas que aún ahora desconozco.

Algo se movía y yo era capaz de percibirlo. Formaba parte de esa traslación que días atrás me fue desconocida. Por primera vez era sol y era tierra. Había satélites y sistemas. Podía ver aurora  y nebulosa.
Subía tan alto que soñaba, ansiosa y suicida, la caída.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Hoy hace años que nos conocimos.
Posiblemente tú ni te acuerdes, seguramente yo ni lo sepa. Pero hoy, justo hoy, hace cinco años que soy más fuerte
Justo hoy, hace  unos años, nos inventamos un septiembre donde  existía la primavera.
Y ahora, ahora hace tanto frío que hasta nos hemos helado.
Más muertos que vivos.  Más daños que alegrías. Más grises que verdes
Nos fuimos agotando, poco a poco, como estaciones que pasan dejando la esperanza de encontrarse el año próximo

       

lunes, 24 de agosto de 2015

Y gritabas que no me fuese, aunque sabías que no te pensaba salvar.
Mi cielo, mi vida, mi amor, mi pequeño ángel, te he querido tanto como podía quererme a mí misma.
Mira bien, hasta este punto llega mi egoísmo. Si alguna vez te amé, fue en la búsqueda de una estima propia, en la espera de hallar mi propio amor. Ese mismo que hacia mí desbordas.
(...)

jueves, 20 de agosto de 2015

Y quizás ahora vivas feliz, pensando que la ciudad es tuya y que allí no quedan recuerdos. Quizás ahora vivas feliz, pero sabes que llegará el invierno, que pasará septiembre y octubre, y que allí hace demasiado frío.

Ya no importa. Yo estaré en un lugar más helado aún, y seguiré sembrando en invierno nuevas flores que no perecen bajo la escarcha de esos días.
Todos saben que la primavera llegará casi en mayo , pero nosotros quisimos rescatarla en septiembre.
Así nos vamos creando, "hielo seco y escarcha", bajo la idea de florecer cuando nadie más lo hace.

Quizás vivas ahora feliz.  Quizás ya no seamos dos locos. Quizás, aquel abril, matamos todas las primaveras.

domingo, 9 de agosto de 2015

(...) pero del daño que me has hecho, de eso nadie habla. Me han hecho falta años para comprender la huida.  Ahora sé que eras Demian. Ahora sé que solo te busco en otros seres.

La nostalgia llegó demasiado pronto a mi vida. Veinte años no son nada, y son suficientes para sentir esta terrible tristeza inundando los días que anteceden  a Mayo.

domingo, 21 de junio de 2015

Ya he pasado por eso una vez. (...) Ahora he aprendido a perdonar y no aceptaré la desazón de que tú no sepas hacerlo.

Tengo mi propia Cruz, no necesito la que me Impongas

lunes, 8 de junio de 2015

Todo empezó en el día que dijiste:
No puedo ser
y quisiste convencerte de que vivías
(en el miedo)
de deber + de

Todo empezó en el día que te levantaste
y te dijiste, cansada del espejo
que no pensabas mirarte más en él
y lo rompiste, y le dejaste
y nunca más le volviste llamar

Todo empezó en el día en que tachaste objetivos
de tu lista, ya pretérita
y viste que todos ellos
habían sido posible

Así que te metiste en el coche
y aprendiste a conducir
Así como te metiste en la vida
y aprendiste a volar

Tan lejos esta vez que quizás te estrelles
pero tú, nunca temas. No tengas cuidado.
No, mientras haya rumbo
mientas pienses un destino
de esos que no existen
y puedas encontrarlo
dentro de ti misma.

Que es tu gigante de dentro
la que ves por fuera