jueves, 5 de abril de 2018

Y justo cuando apareces, ya no hay nada

capítulo Ñ, del verdadero amor al Arte

Ahora me estaba preguntando si era algo normal o no. Quizás, solo fuese una copia de Paloma en "La elegancia del erizo" refugiándose en casa de la portera para charlar con ella(Salvando las distancias). Así que, aún me pregunto, si yo debí nacer antes o hay personas que debieron nacer después, lo que cuesta asumir es que no encuentro referentes en un rango de edad similar, que no encuentre nadie que realmente sienta verdadero "amor al Arte"

Lo que me abruma y me alegra, es que, a pesar de mi odio al pensamiento "¿Qué habrá mañana?", es pensar que llegará un momento en que yo misma, con años y experiencias en la espalda, piense: Ahora, ¿Qué?
Yo voy a ser, es algo indudable e indiscutible, no me falta modestia para decirlo, lo siento si os daña, pero yo voy a ser. Obviando ese dato, que da sentido a mi vida y hace que la vea de la manera en que la veo, vivo y siento, a ratos que cuestiono ¿Qué soy?

Em tiene mucha vida por delante, pero, ¿Y si se torna una frustación total en la búsqueda de referentes y personas que no salen? No andaría tan lejos de la realidad, yo siempre busco el Arte, y cada vez me llega más lejos, más etéreo, más borroso. Cuando el Arte que has conocido, que has vivido, cuando todo eso no te llena, entonces ¿Qué? ¿Cómo se vive una vida sin Arte? Solo por amor a algo que no posees
Me desvivo al leer Pizarnik y encontrarlo en sus versos, en esos que en un día también escribí, que fueron míos, que entendí y sentí.

Y reflexiono, y pienso, que... Que solo puedo vivir mi vida por amor al Arte, por amor a algo que, posiblemente, tarde años en volver a sentir, pero que será más nuevo, más fuerte, más grande, más total
Algo que será
y que, posiblemente,

S E A Y O M I S M A
No tengo de qué preocuparme, "siempre habrá poesía"
Y nunca dejará de sorprenderme
Nuestra historia es bonita porque se basa en echarnos de menos y no en echarnos polvos
Me encantaría escribirte. Me encantaría poder hacerlo, recuperar el valor, enviarte cartas, volver a estaciones, a buscarte escondida. Me encantaría no haberme vuelto como tú, como el nosotros.
Tanto alcohol me hace no saber qué te digo, qué te escribo, qué te siento. Que te siento. Que lo siento.
Que me siento en tus rodillas y el mundo pasa. Que apoyo la cabeza en tu hombro y no hay tiempo. Que me acaricas el pelo y suena como un piano.
¿Sabes cuando te quedas solo con las cosas buenas? Con las que son tan buenas como para matarte. Con las que son tan buenas como para que te escriba. Que te des-escriba, que te des-vista cuando te veo.
Porque a veces solo quiero des-vestirte
Supongo que es por puro aburrimiento. Que es porque no hay nada mejor que hacer, que es porque es fácil, que es porque resulta cómodo, que es por buscarle una excusa. Supongo que es por retarme a mí misma, por no saber que hay detrás, porque quererme era complejo. Supongo que era por no asumirlo

Esta vez, entre todas, no pienso conformarme. Yo también quiero alguien mejor, y ese alguien soy yo misma.
Decidí que él iba a ser mi marido. No lo decidí por lo marítimo de sus ojos, ni por lo helénico de su nariz o por la ligereza de su sonrisa, ni siquiera por lo rubicundo de su cabello ni lo apolíneo que se describía su torso.
No.
De todos estos detalles, tan visibles a los ojos de cualquier homínido sensible a la belleza, yo no me di cuenta hasta que, atendiendo a sus preguntas, balbuceé con aire risueño:

- ¡Ah! También me han publicado un libro. Hace tres años.

Por un breve instante, lo que duró su expresión de sorpresa, pude verme reflejada en su sonrisa. Y me gustó lo que vi, tanto que quise quedármelo para siempre


Fue a partir de ese momento cuando descubrí lo sublime de aquello rasgos que tenía delante. No sé describir el gesto, pero sus cejas se arquearon y algo disparó a mi interior.

- Quisiera leerlo.

Toda la vida buscando el Arte, y lo único que necesitaba era alguien que lo quisiese leer
Se giró en el umbral de la puerta y me dijo:
- A ti te habría pagado las fantas muy a gusto.

Después de esto, se fue, y la frase quedó flotando en el aire, sostenida en el ambiente, elevada en el espacio como las etéreas burbujas del refresco adolescente.

Se me habían olvidado las gafas. Durante todos esos días era incapaz de ver si no usaba las lentillas y, a la larga, supe verle el sentido poético que tanto me gusta de las cosas. Fueron cuatro días que dibujaron una elipsis en el tiempo. Cuatro días justo para encontrarme y perderme, y dejarme invadir por la atenta mirada de un turista que se fascinaba recorriendo las estancias que a nadie más permetía conocer. No sé cómo fue posible, pero me desarmé tan pronto que sentí un derrumbe físico y ahí estaban sus rodillas para sostenerme en el sueño.
Pero Madrid aún ardía. Ardía como el lunes. Ardía como el asfalto.
Yo, que había elegido estar tan rodeada y tan sola, me sentía como Madrid, y ardía. Ardía como la ciudad. Ardía como el asfalto. Ardía como un cigarrillo largo que se quema pero nunca se consume. Que se gasta pero prende cuando adicciona.
Madrid ardía y yo, a lo dejos, me inmolaba con ella
Pero que como yo te echo de menos. En las noches en vela, en las noches de frío, en las noches de fiesta, en las noches de estudios. En reflejo del azul sobre el vidrio verde de hoja perenne.
Como yo te echo de menos, te puedo asegurar, que no te echa de menos ninguna de las otras locas.

Volví a darme cuenta de que había caído en lo mismo.

Cuando una serie funciona bien y está programada para un número determinado de temporadas, lo mejor es no alargarla más. De hecho, y usando como referente el apoteósico final de Los Serrano, me atrevería a decir que prolongar las tramas es lo peor que puedes hacer. 

Yo, que nací para ser guionista pero me reclutaron en el lado oscuro de la producción, reconozco lo difícil de esto. Para empezar porque en este mundillo nunca viene mal cobrar un sueldo que te permita salir de los macarrones y la steimburg durante algo más de tiempo y, para seguir, porque a todos nos encanta saber que nuestro trabajo está triunfando. Vamos a decir la verdad. Ese subidón es algo no podrías pagarte en la vida, ni metiendo a Vince Gilligan en tu cocina. 

Este último, estuvo tentado por parte del diablo (O de los productores de la cadena, que vienen a ser lo mismo en ocasiones) de aumentar el número de temporadas su "Baby Blue." Lo único que extendió Vince en el tiempo fue la presencia de Jessie. Su muerte se escribió en la primera temporada y, finalmente, estuvo junto a Walt hasta el final cut. Claro que no todos los personajes con lo que te encuentras son como Jessie y, por desgracia, no siempre puedes retener a Aaron Paul a tu lado. 

Como todos los intoxicados por las series y el guión, no puedo dejar de pensar en mi vida como una selección de temporadas (y, por Dios, espero que saquen pronto el capítulo-sitcom  en que me toca la lotería) me encuentro con el problema de querer prolongar las tramas, de no asumir que hay historias verticales que se cruzan en la horizontalidad de tu objetivo y que, después de desaparecer al quinto episodio, vuelven de poco en poco para que los espectadores recuerden a ese personaje tan simpático que estuvo presente durante cuatro capítulos en en los que el protagonista fue estúpidamente feliz y, casualmente, coincidieron con las cotas más bajas de audiencia y se ganaron comentarios como "la última temporada fue mejor"o "la serie está estancada".

Decían en The Holiday (Meyers, 2006), que hay que ser protagonista de la vida propia y asumir la responsabilidad de actuar como tal y no como el amigo de este. En ocasiones, como en HIMYM, tu amigo coge más importancia que tú, hasta el punto de obnubilar completamente la trama principal, por el simple hecho de  que , de nuevo, se ha alargado la historia y tu ingenio y personalidad no dan para más cuentos.

 Al final te ves frente a una trama que debía haber durando tres temporadas menos y haberse contado en ocho capítulos más. Te creas un especial doble de cuatro horas para intentar solucionar todos los errores de casi diez años, te inventas que es posible reformular tu situación en una semana y dibujas un telón lento que cubre con  felicidad toda la escena. 
¿No sería mejor haber  gritado "CORTEN" en el momento preciso? Haber mostrado bien al público el esperado final, con detalle y elegancia, y no forzando la situación. Total, Tracy, igualmente, seguía siendo un simple pretexto, y alargar su final solo hará extender el sufrimiento para acabar, de nuevo, bajo un terraza de Nueva York, con una corneta azul, veinte años más tardes. 


Y esperar a la misma persona que llegó en el piloto.